sábado, 26 de diciembre de 2009

Un guiño para Lucía... mi bichito de "Lu"

-¡Eeeeeh!, ¿hay alguien? ¡Eeeeeeh!, ¿alguien me oye? ¡Eoooh!, ¿hay alguien por ahí?

Nunca debí subir a ese avión. Pero es que me flipan los aviones, sobre todo los rojos. Recuerdo que volábamos muy alto, por encima de las nubes y, de repente, ¡CRACK!, algo se rompió. El piloto empezó a gritar “meidei, meidei, Jiuston, Jiuston, tenemos un problema”. Y se cayó una caja sobre la cabeza del copiloto, pero no le pasó nada. ¡SHASSSSS! Caímos al agua. Entonces el chaleco salvavidas hizo su trabajo: Me salvó la vida. Y por la mañana me desperté aquí, en esta isla.
¡PUMBA! Un coco acaba de caer de una palmera. Es un coco verde y está muy duro. Una vez vi en una película un hombre perdido en una isla que abría los cocos con un cuchillo de piedra. El problema es que mamá no me deja utilizar cuchillos. Dice que me puedo cortar. También vi como el hombre se bebía el zumo que se fabrica dentro del coco gracias al exprimidor que lleva dentro, igualito que los chocolates con sorpresa dentro. Creo que lo partiré dándole golpes con un palo, como la piñata del pueblo durante la comida de despedida. Además, aquí no hay peligro de que le dé a nadie en la cabeza, porque aquí no hay nadie.
Nunca había estado tan solo en mi vida. Y menos en una isla desierta. Bueno, ya no está desierta porque ahora vivo yo, pero es que no sé cómo se llaman las islas que sólo tienen un habitante. Creo que debería buscar una cueva para no mojarme con la lluvia. Porque en las islas desiertas, y supongo que también en las que tienen sólo un habitante, siempre llueve por las noches. Si mamá me viera mojado se enfadaría mucho y me diría que me quitara la ropa enseguida y que me metiera en la ducha. ¡Cómo si no estuviera ya lo suficientemente mojado! Un momento... podría hacer un fuego, así asaría un pescado o guisaría un pollo con almendras como el que hace la abuela. Pero mamá también se enfadaría. Siempre me dice que no juegue con fuego, que es muy peligroso y que podría quemar algo o, lo que es peor, podría quemarme yo.
¡Vaya, no sé qué hacer! Estoy aburrido. Vivir en una isla desierta es un rollo. No puedes hablar con nadie, ni puedes jugar con nadie, ni puedes pelearte con nadie. No puedes abrir los cocos con un cuchillo de piedra, ni puedes asar pescado. No puedes estar mojado, ni te puedes duchar con agua calentita. En una isla desierta te mueres de aburrimiento, te mueres de hambre y te mueres de frío. ¡Menudo rollo!
Prefiero vivir en el espacio, flotando entre las nubes y dando saltos gigantescos por La Luna. Allí siempre es de noche, ¡claro, es La Luna! Pero no me da miedo, porque tengo una nave. Y cada vez que tengo frío puedo meterme en ella, y hacer palomitas, y comerme un pollo entero con almendras que viene dentro de una pastilla espacial. Y puedo hablar con mis amigos por el intercomunicador. Y mandarle un mensaje a mamá para que no se preocupe.

-Carolo, vamos a cenar. ¿Qué calladito has estado toda la tarde? ¿Adónde has viajado hoy?
-Hoy he estado en una isla desierta, pero me he aburrido un poco porque allí sólo estaba yo. Mañana pienso ir a La Luna. ¿Puedo llamar a Paquito para que viaje conmigo?
-Por supuesto, carita de lechuga. Mientras que después dejéis la habitación ordenada…

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(*) "Meidei, Meidei", capítulo 3 de Carolo Caracolo: La apasionante vida de un caracol de campo.

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